Hace ya bastante tiempo que he tenido en mente, desde una mirada absolutamente innecesaria, el abordaje de algunas observaciones respecto al comportamiento de las gramíneas.
Ocupaciones cotidianas, “compromisos contraídos con anterioridad” o simplemente fiaca, hicieron que fuera soslayando la oportunidad de explayarme al respecto.
Partamos entonces haciendo un acto de desagravio para éstas “angiospermas monocotiledóneas de tallo cilíndrico” de las cuales casi nadie se ha ocupado en los medios masivos.
Se dice que esta especie ocupa un 20% de la superficie terrestre, lo que no es poco si tenemos en cuenta que el Continente Asiático ocupa casi el 30%.
La gramínea, popularmente conocida como “Gramilla”, como todo ser vivo que se precie de tal, tiene su propia personalidad, si se me permite la prosopopeya.
Y en el cúmulo de esos rasgos de “personalidad” que le son propias, por su tenacidad rayana al capricho, podemos destacar su tesón y testarudez.
Porque si hay una especie “porfiada” sobre la tierra, ésa es la Gramilla.
No importa cuantas veces uno se ocupe de cortarla o arrancarla de raíz. No importa que una bruta helada de Junio la deje totalmente amarilla, ni que tres meses de Sol intenso le mezquinen humedad para su subsistencia.
Ella, la Gramilla, insiste.
En cuanto distraemos la mirada ese “yuyo” rastrero de hojas alargadas nos muestra nuevamente su color verde inconfundible.
En las rendijas de las baldosas o adoquines, en los intersticios más recónditos que uno pueda imaginar, la Gramilla se empecina en extender sus tallos enredando sus raíces de una manera inexplicable.
Su persistencia desafiante hace que más de una vez perdamos la compostura y exclamemos, quizá con las manos en la cintura y los brazos en jarra: “¡Qué hija de puta..!”
Nuestra impotencia al ver que el césped sembrado en nuestro parque gime asfixiado por el accionar de la Gramilla nos transforma.
Y volvemos a exclamar “¡Qué hija de puta!”
Porque eso es lo que es la Gramilla.
Una reverenda hija de puta.
Una Hija de Puta que se afincó en el cantero de las rosas y en el escalón de la cochera; no sin antes aflorar entre las lajas, el borde de la pileta y debajo de la entrada al lavadero.
Plazas, parques, patios, veredas y hasta en las calles empedradas más transitadas, si prestamos atención, por algún lado la Gramilla asoma su presencia.
Nos muestra su existencia y nos demuestra su verdadera razón de ser:
Cagarnos la tarde del sábado, que pasaremos de rodillas, “culo para arriba” estropeándonos las manos y exclamando “¡Qué hija de puta!”
Héctor H. Guzmán
Enero 2013
Enero 2013
Acerca de "hijo de puta".... Utilización del término "hijo de puta" en la charla coloquial, como adjetivo halagüeño. Conversación -resumida- entre Sancho Panza y otro escudero, "el del Bosque", en un descanso en el camino. Libro: "Don Quijote de la Mancha" Capítulo XIII http://es.scribd.com/doc/133078442/Hideputa-Don-Quijote
ResponderEliminarGracias Norberto..!
EliminarCuando el Negro Fontanarrosa hizo su defensa a las "malas palabras" en el Congreso de la Lengua, me hizo acordar que alguna vez había leído algo así pero ni remotamente cruzó por mi cabeza que había sido en El Quijote. (Estoy grande...)
Gracias de nuevo Norberto por refrescar mi memoria.