Conocimiento y sabiduría. Aprendizaje y experiencia…

A simple vista las palabras del título, así “apareadas”, podrían hacernos suponer cierta sinonimia entre ellas.

Y de hecho la hay.

Tomemos las dos primeras: “Conocimiento y sabiduría”.

Si bien son análogas en su significado global, y a menudo las usamos como sinónimos, no siempre tenemos el discernimiento, la erudición o la sapiencia suficiente como para notar la sutil diferencia entre un vocablo y el otro. (Incluso entre estos tres últimos, que también son análogos).

Generalmente las utilizamos para referirnos a entendimiento, inteligencia, competencia, pericia, saber, instrucción, estudios, ilustración, cultura, educación, etc.

Lo que demuestra cierto grado de desconocimiento e ignorancia, que son precisamente sus antónimos.

Con la otra “pareja” de palabras sucede algo similar.

Tenemos por aprendizaje a la adquisición de conocimientos, destrezas y habilidades; en tanto que por experiencia se entiende… 

Caramba, qué coincidencia!

Bien, salgamos de este lío.

Hecha esta pequeña introducción ilustrativa, lo que pretendía al escribir estas reflexiones era precisamente marcar de qué manera desconocemos el conocimiento y no tenemos la sabiduría suficiente para notar la diferencia.

Es decir, somos perfectos ignorantes con conocimiento. Y lo que es a veces más grave, desconocemos nuestra propia ignorancia, lo que nos hace doblemente ignorantes.

Estoy absolutamente seguro que aquel “viejito” (tendría unos 50 años, pero aclaro que yo no más de 8, por lo que para mi lo era), que vino a construir un galpón en la casa de mis viejos, no sabía que carajo eran los “vasos comunicantes” y seguramente de Pitágoras no tenía ni la más puta idea…

Pero el tipo midió 3 metros “pa’ allá” y 4 “pal otro lao”, hizo unas marquitas en el piso, midió la diagonal y empezó a cavar la zanja. Después cazó una manguerita, le puso agua y tiró los niveles para empezar los cimientos… Por supuesto, todo quedó perfectamente nivelado, a escuadra y aplomado.

Aquel albañil, tenía conocimientos adquiridos por experiencia, en un aprendizaje práctico de muchos años que le daba sabiduría en su laburo.

¿Se entiende?

El tipo no había ido a la escuela (ni a la primaria), por lo tanto era un ignorante y también analfabeto porque recuerdo que tampoco sabía escribir, (a veces venía para que mi viejo le “sacara” algunas cuentas y le escribiera algún presupuesto).

Pero contradictoriamente, Don Juan, que así se llamaba, tenía el discernimiento suficiente para darse cuenta de su ignorancia y la inteligencia necesaria como para ganarse el mango con pericia y competencia.

Es decir, conocía su ignorancia y no ignoraba su desconocimiento.

En estos tiempos, en que el conocimiento, la educación y el aprendizaje están más al alcance de todos, la situación, más allá de lo anecdótico, no deja de ser motivo de reflexión.

¿Por qué digo esto?

Muy simple.

Si prestamos atención en nuestro andar cotidiano encontraremos situaciones análogas, pero paradójicamente contradictorias.

Nos encontramos con “profesionales” formados en el conocimiento y el aprendizaje que exhiben poca sabiduría y nula experiencia, pero nos enrostran su cultura y educación, su sapiencia y saber, con absoluta impericia e incompetencia.

Gente que generalmente encontramos en lugares de decisión de cualquier ámbito porque “están calificados”. Pero que no tienen la humildad requerida para darse cuenta de su principal ignorancia, que es el desconocimiento que tienen sobre su propia sabiduría.

Desconocen que les hace falta aprendizaje para adquirir experiencia.

No tienen el discernimiento necesario para notar las diferencias…

Lo que es peor aún, estos ilustrados “profesionales” pretenden rodearse, y de hecho lo hacen cuando pueden, de pares en su condición de instruidos y desprecian los saberes de aquellos que no tuvieron similar formación académica.

Por su parte, estos últimos, que acarrean consigo un cúmulo importante de conocimientos empíricos, guardan respeto y recelo ante aquellos.

Tanto por las actitudes de unos y otros estamos desperdiciando esa sinergia, ese “ida y vuelta”, que los haría más ricos a todos.

Que nos haría más ricos a todos…

Poniendo de la mano, conocimiento y sabiduría, aprendizaje y experiencia…

El Negro Guzmán 

Octubre 2012.



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